lunes, 21 de mayo de 2007

Integridad y libertad.-

Rectitud y probidad sumadas a la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, o de no obrar, por lo que es responsable de sus actos, son cualidades que, al reunirse en una persona, producen como resultado un ser humano capaz de ser feliz individual y colectivamente.

La experiencia humana parte de que cada cual tenga capacidad de interiorizar en su esencia y darse cuenta de que espiritualmente le falta todo, porque no tiene nada; y, aún así tener simpatía por esa humanidad individual y a partir de ella tener simpatía y profesar amor por la de los demás.

Las pretendidas diferencias entre humanos, por ejemplo en la política o en el amor, no son más que manifestaciones de abstracciones que no permiten a quienes las sufren entregarse a sí mismos a partir de una experiencia de vida, de una experiencia personal que compartir desde el ejemplo. Estas pretendidas diferencias no son más que tristes y egoístas manifestaciones de carencia de universalidad.

En vez de darse a sí mismos a partir de la experiencia pretenden ser el instrumento de un ensimismamiento, es decir de una ideología, lo que en el fondo excluye, reduce y fanatiza; pretenden darse a partir de una pseudo experiencia carente de humanidad; eso no es posible porque no se sabe o no se prevé que haya disposición para jugarse su propia unidad como vida y como criterio por los demás, por el otro, porque no hay la sencillez unificadora, la sencillez que sostiene lo complejo de la realidad.

Cada vez hay más poses egoístas que defender, con más ardor y menos objetividad, justamente por falta de sencillez y de libertad, si, de esa libertad para expresar con humildad lo que es cosecha de humanidad, de experiencia interior.

El temor a que se nos juzgue desde una tribuna de pensamiento ideologizada o del tristísimo “qué dirán”, no es mas que esa cobardía de no ser capaces de compartir y de que nuestro ego se sienta dolido por saber, al final del día, que el miedo a nosotros mismos no nos permite ser libres.

martes, 15 de mayo de 2007

¿Decir o callar?

Depende qué decimos y qué callamos y ni se diga lo que se difunde, o no, en los medios de comunicación.

Entre lo que se dice a través de los medios se tiene que diferenciar noticia y editorial. La noticia debe informar y ha de reflejar con objetividad y claridad la crónica de un suceso que interesa a la comunidad. Un editorial es el reflejo de la opinión que pertenece a quien la expresa o al medio que la difunde.
Las opiniones que se vierten desde una página editorial no necesariamente son, como lo define el Diccionario de la Real Academia Española, el sentir o estimación en que coincide la generalidad de las personas acerca de asuntos determinados.

Que los medios de comunicación ecuatorianos en general en más de una ocasión han exagerado ciertas cosas, no hay duda. Estas actitudes sostenidas y acentuadas hasta la caricatura en ciertos medios han confundido en más de una ocasión lo que es noticia y lo que es editorial, pues se han “noticiado los editoriales” o se han “editorializado las noticias”. Asimismo hablar “por hablar” es nocivo y conduce a interpretaciones siniestras y maliciosas.

Recordemos en años recientes, a propósito de los problemas de una institución bancaria y sus personeros, la carga editorial manifestada en reportajes disfrazados de noticias en cadenas de televisión propiedad de los imputados; o, la pugna entre dos grupos editoriales por la publicación de una parte de la guía telefónica de Guayaquil.
No importa quién sea el detentador de la razón; lo importante es evidenciar que se trata de vender una posición determinada, justa o no, como verdad absoluta valiéndose de los medios. Eso está mal.

Callar en los medios es malo para la comunidad cuando se tiene algo valioso que decir, sea opinando o informando.

Callar también puede ser un reflejo sea de sabiduría o de cobardía.

Callar por prudencia es cristiano, puede ser sabio y conveniente para los intereses de la sociedad.

Callar por miedo es terrible, pues ese silencio puede ser cómplice de no difundir la verdad, sabiendo que solo ella nos hará libres.
Elijamos y juzguemos lo conveniente entre decir y o callar, sobre todo teniendo en cuenta el momento histórico que atraviesa nuestra sociedad, sedienta de verdad y libertad.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Infraestructura absurda.-

En el Ecuador se construyen las obras de infraestructura, sobre todo vial, partiendo de la necesidad creada de que sean baratas y se hagan rápido: exactamente como no se las debe hacer. Así entonces, las carreteras no duran y causan más de una molestia, generando al paso injusticias.

El asfalto es producido únicamente por Petroindustrial en la refinería de Esmeraldas y no es tratado por la “petro” como un producto industrial sujeto a controles de calidad, ¡sino como un residuo! Este mal producto, que unas veces es “aguado” y otras demasiado duro (preguntemos si no a los constructores), al ser el único disponible en el Ecuador todas las constructoras lo deben comprar y además sobre él no hay crédito, se lo paga de contado.

El asfalto de mala calidad es aplicado en las carreteras, mismas que en condiciones óptimas están diseñadas para soportar pesos de hasta 48 toneladas. ¿Pueden ustedes pensar en el comportamiento físico del asfalto en una subida de 7 grados en las montañas de los Andes sujetas al sol ecuatorial y al tráfico de camiones cargados con 60 o más toneladas?... Y encima ¡sin mantenimiento! ¡¡Pues se hace olas y luego baches!!... Luego las carreteras no duran. Y se reinicia el eterno “proceso de inversión en infraestructura” bajo las denominaciones de rehabilitación o reconstrucción con una periodicidad absurda, que no soporta una economía como la ecuatoriana.

Cuando los técnicos en el trazado de una carretera se encuentran con un río seco, prevén, para que el proyecto sea barato, que el caudal será lo suficientemente bajo como para poner ahí una “alcantarilla” (tubo de acero enterrado en la mesa de la carretera) y no un puente, sin considerar que el mantenimiento de dicha alcantarilla es algo que previsiblemente no sucederá. Entonces viene el primer invierno, el cauce seco trae no solamente un caudal de agua mayor al previsto, sino arrastra materiales que taponan la alcantarilla y al taponarse ésta se afecta la mesa la carretera… Todo por esta genialidad de ahorrar en tonterías sin ver el futuro de la obra. Colapsa la alcantarilla, se afecta la mesa, se corta la vía… Se lanza un proceso de “rehabilitación”… Más de lo mismo.

Otra parte del problema, que tiene muchísimos más detalles que los que abordamos a manera de enunciado apenas en este blog, es el mantenimiento rutinario. El mantenimiento debe ser priorizado para que lo que ya se ha invertido no se pierda por descuido. En vez de emprender en nuevas obras, se debe conservar de buena manera lo que ya existe y que muchos recursos y sacrificios le han costado ya a la comunidad nacional.

Capítulo aparte merecen las eternas disputas entre la administración pública y los constructores por las deudas que se acumulan. Esto es motivo para que constantemente se estén paralizando las obras y no se cumplan los plazos, se tengan que reajustar los precios y se deban realizar nuevas obras sobre lo que se ha dañado de la parte ya realizada.

Que el Estado deba no es necesariamente malo para los constructores, pues así ellos tienen un gran poder para presionar al régimen de turno por obtener nuevas obras y si no para hacer que el Estado les pague las deudas con bonos, los que rinden magníficos intereses, bonos que a su vez les sirven como garantía para obtener créditos en diversos centros financieros internacionales a intereses bajos. De la operación financiera descrita lo normal es que tengan saldo a favor los constructores.

Las carreteras deben hacerse considerando las particularidades de nuestra geografía, ecosistema y sobre todo nuestra economía. La mejor opción es hacerlas de cemento, para que no haya que sufrir por las vías cada cinco años, sino haya que preocuparse por ellas cada veinticinco. La relación costo beneficio aboga indiscutiblemente a favor del concreto. Como ejemplo veamos a Cuenca, con calles y avenidas de concreto en buena parte de su área urbana, obras que han sido hechas una vez, bien hechas, bien fiscalizadas, sabiendo que el dinero fluye escasamente y que se lo debe aprovechar con criterio cívico. De esta forma se evitan injusticias, deudas económicas y morales.

jueves, 3 de mayo de 2007

¿Viene?: ¡Vamos!

La asamblea viene y hay que prepararse de la manera más coherente para que el producto de la misma no sea motivo de quejas, problemas y desajustes a corto plazo, al fin y al cabo debemos tener una nueva y buena Constitución, no un mero plan coyuntural.

Para ello, debemos partir de principios fundamentales y se debe evitar la ideologización de la asamblea, pues la ideologización excluye, reduce y fanatiza. Evitemos pues la ideologización de la Constitución resultante y basémosla en justicia, sentido común y compromiso.

Antes que todo debemos tener conciencia de que somos humanos y que nuestras actividades están por y para las personas y no al revés: ese es el ánimo con el que debemos acudir los habitantes del Ecuador a sentar las bases del porvenir traducidas en la nueva Constitución.

En la nueva Constitución no debemos apuntar a la “sana mediocridad” de “no te metas conmigo, que yo no lo haré contigo”, no. Justamente porque un nuevo ordenamiento exige un compromiso a largo plazo, para que nuestros hijos y nietos no se encuentren con problemas que resolver, sino con bases serias y duraderas sobre las que puedan trabajar en paz.

Expresar en la asamblea el relativismo, es decir hacer lo que me parece solamente, sin abrirme, sin intervenir en contra de la mediocridad produce agresividad, misma que para detonarla basta una mínima chispa, lo cual no conviene ni ahora ni nunca.
Romper la mediocridad superando nuestras propias limitaciones con valentía, sin caer en sub culturas acomodaticias que van con el flujo social, con la moda, con la forma y no con el fondo.

En la asamblea no busquemos la mera norma, sino el absoluto. La norma puede ser abstracta, el absoluto no lo es porque no se basa en circunstancias sino en la vida misma. Desde la finitud de la vida humana pensar que podemos proyectarnos al infinito, sin tener posturas “descafeinadas” ni “light”, verdadero compromiso humano, con lo duro que puede ser asumirlo y sobre todo vivirlo.

viernes, 27 de abril de 2007

Galimatías.-

Tal vez suena a rebuscada esta palabra, pero en los dos sentidos que sobre ella da el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se resume la situación nacional:

1. Lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas
2. Confusión, desorden, lío.

Lenguaje oscuro y confusión de ideas sigue existiendo en algunos protagonistas de la vida pública que se empeñan en seguir hablando “en difícil”; y, lo que es peor: actuando “en difícil”, acaso en “indescifrable”, sin que ello contribuya a dar luces sobre la resolución de graves problemas que sentimos y vivimos.

El segundo significado no puede ser más claro; y es que no hay, no puede haber paz y bases sólidas para el progreso, cuando la nación está en medio de un caos que, además, cada día abarca más ámbitos.

No se puede culpar al actual Gobierno de que la situación se encuentre así, pues buena parte de los antecedentes que han detonado lo que al momento vivimos son heredados. Tampoco se puede desconocer la escalada de tensiones con que aporta el Gobierno.

Es absolutamente desacertado, según los analistas más ortodoxos, haber abierto, desde el Poder Ejecutivo, tantos frentes de una sola vez. Asimismo es necesario reconocer que son frentes que han estado olvidados por mucho tiempo y que reclamaban acciones, incluso duras.

Bien sabidas son las frases: “qué dirán las autoridades”, “a las autoridades les toca actuar” “está en manos de las autoridades”. Lo gracioso es que cuando están actuando las invocadas y anteriormente ausentes autoridades, se arma la de San Quintín, y es que había y sigue habiendo tantos asuntos pendientes para “las autoridades”.

El acierto o desacierto de los actos de autoridad también contribuye, o no, al galimatías. Así como se reconocen buenas actuaciones, se tiene que ser honesto y firme en señalar (y desde el Gobierno reconocer) aquellas que no lo son, sobre todo si están cargadas de irritabilidad y vislumbres de autoritarismo.

Hacer uso de la popularidad del Ejecutivo y de la necesidad de salidas a los diferentes problemas sentidos por el pueblo está bien desde lo político, mientras dure.

Lo que no está bien es no dar solución definitiva a asuntos concretos que se anuncian con revuelo y mas bien dar lugar a nuevas situaciones problemáticas que aparecen con inusitada intensidad y frecuencia.

Corrijamos y depongamos posiciones, este es nuestro país y el de nuestros hijos.

Paremos el galimatías.

miércoles, 25 de abril de 2007

La política famosa.-

La participación en política de diversas personas que han logrado renombre gracias a sus desempeños profesionales en medios de comunicación, la farándula o el deporte es algo para conversar.

Nadie pretende eliminar el derecho de los ciudadanos a participar en las diversas instancias democráticas y desempeñarse en ellas, siempre y cuando haya aptitudes para esos desempeños y llevarlos con decoro, eficiencia y honestidad.

Han habido varios comunicadores sociales que fueron ganando espacio en la conciencia de sus respectivas comunidades gracias a que, a través de sus intervenciones en los medios emitían comentarios, editoriales y en general opiniones de orientación a sus lectores, oyentes o televidentes, mas allá de que esas opiniones podían contener orientaciones políticas, a las que, por lo demás, tenemos pleno derecho en ejercicio de la libertad todos los seres humanos.
La orientación política de cualquier tipo que, un comunicador vocacional o profesional, pueda expresar en el ejercicio de sus actividades no es mala, por el contrario, es una propuesta a que la comunidad se involucre en la discusión y búsqueda de soluciones a sus propios problemas, es plantear la necesidad de que todos seamos actores de nuestra vida en común. Es un ejercicio de alfabetización política que, además, el público tiene la opción de aceptar o no.
Cuando en un momento dado algunos de estos comunicadores optaron por participar dentro de las reglas de la democracia y accedieron a dignidades de elección popular, se supo quienes estaban preparados para llevar la pesada carga de la función pública y quienes no, sus ejecutorias hablaron por ellos. El pueblo ya los ha juzgado; así encontramos honrosos ejemplos de dignísimos ciudadanos que luego de un primer ejercicio de un cargo de elección popular, volvieron con humildad a sus trincheras y el pueblo los buscó y eligió nuevamente: esos son ejemplos de orientación y servicio. Pero también, como en todo, hay otros que no lo han sido y el pueblo les ha castigado duramente: con el olvido.

Pero la intervención en política de personas que se han dado a conocer no como orientadores de opinión, sino sea como artistas, sea animadores, sea deportistas y hasta reporteros de la llamada “prensa rosa” y nada mas que eso y que a partir de las actividades enunciadas pasan, de pronto, a ser representantes de los intereses populares para normar la vida comunitaria, es una tomadura de pelo al país.
Lamentablemente, ante la falta de siembra y promoción de nuevas generaciones de actores políticos, los partidos y movimientos en general han echado mano de figuras de este tipo, cuya presentación y promoción electoral no ha dado malos resultados coyunturales, pero ha bajado de nivel la calidad de los actores y por ende de los debates, proyectos y propuestas por ellos protagonizados. Mención aparte merece la tendencia al camisetazo.
No sería justo desconocer que algunos de estos personajes cuentan con una preparación académica y experiencia en la vida que los acredita, digamos, como multifacéticos y que, de cierta forma asegura que el desempeño de sus funciones será, al menos, decoroso. Esas son las excepciones que confirman la regla.

La mezquindad de los dueños de partidos y movimientos, el hambre de resultados electorales y la baja cultura política del promedio de la ciudadanía ha dado como resultado que el arte (sobre todo musical), el deporte y la farándula ya huelan a política y que cualquier entrevista sea una oportunidad de promocionar su eventual campaña electoral.
La política deber ser una actividad seria y patriótica, orientada a que se la ejerza por los más aptos que, por sus atributos de convicción ideológica, conocimiento en, por ejemplo derecho, economía, problemática social en general, etc. se hagan conocer y no para ser protagonizada por quienes por sus breves y llamativos ropajes, expresiones jocosas, canciones, orientación sexual, bailes, goles, marcas y plusmarcas solamente, pretendan tener ya patente para intervenir en la vida nacional a nombre del pueblo y no solo, como correspondería, de su público, fans o hinchas.

martes, 24 de abril de 2007

NOVENTA Y NUEVE

Todos sienten la obligación de expresarse sobre las ejecutorias de cualquier gobierno luego de transcurridos los primeros cien días de gestión, creo que la víspera es más que suficiente.

Vamos, solo enumerando, lo más destacado, políticamente hablando, del Gobierno posesionado el 15 de enero de 2007:

Se ha dado una demostración de enorme habilidad para el manejo de los tiempos:

- El Presidente ha sacado provecho de la popularidad con la que triunfó en el proceso electoral del 26 de noviembre de 2006, manteniéndola y acrecentándola, atrayendo simpatías y sembrando antipatías, de tres formas:

- Presentándose como un único enrumbador de la nación, a través del uso, incluso abusivo de la tarima, sin un discurso de fondo, en el que dibuje claramente la forma de poner en marcha los diversos mecanismos que, en teoría, llevarán a cristalizar un proyecto. Un discurso que entusiasma y exalta a sus escuchas con la enumeración de potenciales resultados y ha sido un factor positivo para el Presidente; un entusiasmo popular proveniente, tal vez, de que no se comprende todo lo que dice el señor Presidente, sino exclusivamente aquellas secciones de sus discursos en donde, con fuertes e innecesarios adjetivos calificativos, se refiere a personas que no comparten su forma de pensar y ver ciertos asuntos.

- Poniéndose el señor Presidente como víctima de la “partidocracia”, sin embargo de que, tácitamente, acepta las formas violentas que los clásicos militantes de la “partidocracia” obsoleta, emplean para demostrar adhesión a diversas tesis gubernamentales, muchas de estas tesis y programas en el fondo buenos, pero las formas de sustento a través de los “partidócratas” afines al Gobierno, son altamente criticables.
El Presidente oficialmente ha criticado los mecanismos violentos, pero ha dado la bienvenida al apoyo a su Gobierno, venga de donde viniese, aclarando (suponemos que por curarse en salud) que ese apoyo no tiene por qué venir con condiciones de ningún tipo: esa parte del discurso cae muy bien.

- La “venta” de las tesis del Gobierno se ha efectuado con los métodos tradicionales, es decir por medio de la publicidad y no de un adecuado proceso de información sobre asuntos sumamente importantes que están en el horizonte inmediato de la vida nacional. Se ha vendido la idea de que todos los actores políticos, salvo los auspiciados desde el Gobierno Central son malos, pésimos, antipatrióticos, pérfidos. Todo este despliegue publicitario, en su parte “en vivo y en directo” ha sido llevada, a riesgo de desgastar su imagen innecesariamente, personalmente por el señor Presidente a través de constantes visitas a diversos lugares de la geografía nacional; cosa que no rinde malos frutos a sus intereses coyunturales. Veremos sin con los discursos encendidos del Primer Mandatario a futuro no habrá una tendencia a la desestabilización de la paz social.

Por otra parte, el Gobierno le ha ganado la partida por amplia goleada, hasta ahora, a su desorganizada y acéfala oposición de varias formas:
a) Haciendo, muy hábilmente por cierto, que la población la perciba, sobre todo a través de los representantes de la oposición en el Congreso, como una especie de demonio obstruccionista y antipatriótico, opuesto irracionalmente a la necesidad de cambio que es sentida en el alma de cada ecuatoriano.
De hecho al Presidente le ha faltado desnudar la realidad electoral referente a que las elecciones de diputados las ganó, en estricto sentido, “nulo”, pues ese fue el candidato de la preferencia general. Los electores reaccionaron de esa forma ante una inagotable deuda de verdadera legislación para el progreso y un bochornoso e inaceptable sobregiro de corrupción, clientelismo y politiquería de la más baja calaña.

b) Diezmándola, a través de valerse de los propios errores de la típica forma “tronchista” de hacer política desde el Congreso, es decir, poniendo en evidencia que el diputado promedio, con honrosas excepciones testimoniadas en todas las legislaturas, viola la Constitución al no actuar con sentido nacional y sintonizado con los intereses de sus electores, sino de los del dueño del partido, el financista de la campaña o de los suyos propios, convirtiendo al Poder Legislativo en un horrible y detestable poder “palanqueativo”.

c) Entrando en una especie de “guerra” de ilegalidades e incluso injusticias, que han tenido diversos actores “partidócratas” favorables y detractores del Gobierno y sus planteamientos en el Congreso, Tribunal Constitucional, Tribunal Supremo Electoral y diversas judicaturas; circunstancias de las cual, por la fuerza, ha salido el Gobierno ampliamente triunfador y hasta fortalecido.

En este momento no necesitamos de mesianismo desde el Ejecutivo, pero tampoco del autoritarismo del que hemos visto es capaz.
Lo que si necesitamos es que con mesura, libertad, equilibrio y verdaderas acciones de Estado, se motive y conduzca al Ecuador al cambio en paz que reclama desde hace mucho tiempo, para bien de todos los presentes y los que están por venir.
No al mesianismo, porque la nación no tiene condiciones para que se incurra en gastos extremos que comprometen el futuro económico de mediano y largo plazo; y, porque eso es engañar a la población menos informada sobre la verdad referente a unos recursos que no son inagotables. Porque “papá Estado” ha sido y es un fracaso.
No al autoritarismo, porque no nos conduce a nada más que a poner de manifiesto horribles diferencias entre hermanos que nos cobijamos bajo una misma bandera y un credo común promedio: el Cristianismo. No a parapetarse en una fuerza pública francamente deliberante y engalanada de privilegios disfrazados para mantenerla tranquila.

Noventa y nueve para ver una estrategia definida hacia la consecución de un objetivo político.
Noventa y nueve para desnudar unos actores políticos sin bases más que las de sus propias miserias.
Noventa y nueve para proyectarse a seguir vendiendo ilusiones.
Noventa y nueve: falta uno para cien.